Diego San José (Vota Juan, Celeste) ha creado una de las mejores series del año a partir de uno de los deportes más minoritarios en España. El bádminton es lo que une a los dos perdedores que protagonizan esta historia de curación en el que el argumento inicial favorece la comedia, pero el desarrollo acaba decantándose al drama. Carla Quílez y Javier Cámara componen una pareja inusual de criaturas en busca de significado en sus vidas.
El guion descifra con extremada delicadeza y elipsis una historia muy sensible sobre la infancia, aportando las dosis necesarias de humor, ternura e ingenio a diálogos que mueven a la emoción y a la reflexión. Todo con la ayuda de una banda sonora en la que destacan las canciones Hey y Me olvidé de vivir de Julio Iglesias, fundamentales en la configuración de cada uno de los personajes.
La serie también se esmera en cuida los mínimos detalles que acaban teniendo relevancia dramática. En concreto el caótico peinado y afeitado de Javier Cámara, unido a su chándal gris de España vaciada, es todo un símbolo de una existencia adulta sin rumbo ni coordenadas.




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