Guy Ritchie está en su mejor momento gracias a las series de televisión. Si con The Gentlemen y Tierra de mafiosos había reeditado el pulso de sus mejores películas siendo fiel a su estilo cercano a Tarantino, en El joven Sherlock demuestra su habilidad para entretener a toda la familia con una trama algo rocambolesca pero muy eficaz. La violencia y el lenguaje soez dejan paso a una elegancia muy británica en sus mejores términos, con una ironía muy adecuada a una historia marcada por el ingenio y la sagacidad de sus protagonistas.
Sin llegar al nivel de su primer Sherlock Holmes protagonizado por Robert Downey Jr., ni al de la serie liderada por Benedict Cumberbatch, este joven aprendiz carece del carisma de Conan Doyle, pero tiene una amistad muy lograda con su archienemigo James Moriarty.
Los giros permanentes de guion, el humor desmitificador y un diseño de producción sobresaliente hacen que los primeros capitulos adquieran una velocidad de vértigo, que aunque no se mantiene a lo largo de toda la temporada, impulsa al espectador a seguir con atención la madurez del joven detective.
Es una pena que Colin Firth no tenga un poco más de desarrollo en el guion. Es un actor y un personaje que merecía mucha más atención, y que compensaría la falta de algo más de glamour y nombre en el reparto.




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